Manifiesto Fundacional de España Futura
España puede más
Hay países que miran al futuro con confianza. Países donde los jóvenes saben que si trabajan y se esfuerzan tendrán una vida mejor que la de sus padres. Países donde el Estado funciona como un aliado del ciudadano y no como un obstáculo. Países donde la ciencia avanza, la industria crece, las instituciones inspiran respeto y la política, aunque imperfecta, está al servicio de algo más grande que ella misma.
España no es hoy uno de esos países. Podría serlo. Tiene todo lo necesario para serlo. Pero no lo es.
No lo es porque llevamos demasiado tiempo siendo mal gobernados. No por mala suerte, no por fatalidad histórica, no porque los españoles seamos de alguna manera distintos o inferiores al resto de europeos. Lo somos porque hemos tolerado una clase política que ha antepuesto su permanencia en el poder a la transformación real del país. Porque hemos aceptado como normal lo que no lo es. Porque nos hemos acostumbrado a votar al menos malo en vez de exigir algo en lo que creer de verdad.
Proyecto España Futura nace para romper ese ciclo.
El país que tenemos
Para saber a dónde queremos ir, hay que ser honestos sobre dónde estamos.
Tenemos una generación entera de jóvenes que ha hecho todo lo que se les pidió: estudió, se formó, se esforzó, y aun así no puede permitirse vivir de manera independiente. El precio de la vivienda ha crecido durante años a un ritmo muy superior al de los salarios. La tasa de desempleo juvenil supera el 28%, la más alta de la Unión Europea. Y los que tienen trabajo con demasiada frecuencia lo tienen en condiciones de precariedad que hacen imposible planificar una vida, formar una familia o pensar en el futuro con algo más que ansiedad.
Tenemos investigadores brillantes formados con dinero público que se marchan a trabajar a Alemania, al Reino Unido o a Estados Unidos porque aquí no hay contratos estables ni salarios que justifiquen quedarse. Tenemos autónomos que pagan cuotas aunque no tengan ingresos, que dedican horas cada trimestre a trámites que podrían automatizarse, y que sienten que el sistema está diseñado para asfixiarlos, no para apoyarlos. Tenemos familias que quieren tener hijos y no pueden permitírselos, no por falta de deseo sino por falta de condiciones materiales mínimas.
Tenemos una administración pública que en 2026 sigue funcionando con lógicas de hace cuarenta años. Una identidad digital fragmentada en decenas de sistemas incompatibles. Trámites que exigen presencia física para gestiones que cualquier país nórdico resuelve desde el móvil en cinco minutos. Webs del gobierno que no cargan, certificados que caducan, software heredado que nadie se atreve a actualizar.
Tenemos instituciones capturadas por los partidos. Un poder judicial cuya independencia es teórica cuando sus órganos de gobierno llevan años sin renovarse por falta de acuerdo entre los mismos partidos que deberían ser controlados por él. Medios públicos que demasiadas veces actúan como altavoces del gobierno de turno. Organismos reguladores cuyos cargos se reparten en función de cuotas de poder, no de competencia técnica.
Y tenemos una deuda pública que supera el billón y medio de euros y sigue creciendo, una hipoteca silenciosa que las generaciones futuras heredarán sin haber votado por ella, y sobre la que casi nadie en la política habla con la honestidad que merece.
Este es el país que tenemos. No el que nos merecemos, pero sí el que hemos construido entre todos, por acción y por omisión.
Por qué nace este proyecto
No nace de la rabia, aunque la rabia sería comprensible. Nace de la convicción de que España puede hacerlo mucho mejor, y de la negativa a aceptar que lo que tenemos es lo máximo a lo que podemos aspirar.
Nace porque los partidos que han gobernado este país en las últimas décadas, todos ellos, han demostrado que sus intereses institucionales pesan más que su voluntad de transformar. Porque el sistema de incentivos de la política española premia la lealtad al partido sobre la competencia, el corto plazo electoral sobre el largo plazo nacional, y la gestión del conflicto sobre la resolución de los problemas.
Nace porque creemos que hay millones de españoles que no se sienten representados por ninguna de las opciones actuales. Que no son ni de izquierdas ni de derechas en el sentido tribal en que esos términos se usan hoy. Que quieren propuestas serias, basadas en evidencia, que funcionen, sin importar de qué tradición vengan. Que están hartos de votar en contra de algo en vez de a favor de algo.
Nace, en definitiva, porque alguien tenía que intentarlo.
En qué creemos
Creemos en el mérito como motor de la movilidad social. Una sociedad justa no es la que trata a todos igual independientemente del esfuerzo: es la que garantiza que quien trabaja, estudia y se esfuerza tiene una oportunidad real de progresar, venga de donde venga y haya nacido donde haya nacido. Eso es lo que diferencia la igualdad de oportunidades real de la igualdad de resultados artificial.
Creemos en la libertad económica como condición del progreso. Las personas y las empresas que crean riqueza, generan empleo y asumen riesgos merecen un marco que las apoye, no que las asfixie. Los impuestos deben ser suficientes para sostener lo público, pero no pueden convertirse en una penalización al trabajo y al éxito. Una fiscalidad inteligente recauda más porque amplía la base, no porque sube los tipos hasta expulsar el talento y el capital.
Creemos en la solidaridad como obligación colectiva y no como instrumento electoral. La sanidad pública, la educación universal y de calidad, las pensiones dignas, la protección de los más vulnerables: todo eso no es una concesión de la política sino un derecho que una sociedad avanzada se debe a sí misma. Y todo eso requiere un Estado que funcione bien, que gaste con eficiencia y que rinda cuentas de cada euro.
Creemos en la ciencia, los datos y la evidencia como base de las decisiones políticas. No en la ideología, no en lo que conviene al partido en ese momento, no en lo que suena bien en un mitin. Las políticas públicas deben evaluarse por sus resultados, compararse con lo que funciona en otros países y corregirse cuando no dan los frutos esperados. La política no es un terreno para experimentos ideológicos: es una responsabilidad demasiado seria para no tomarla con rigor.
Creemos en las instituciones fuertes e independientes como garantía de la libertad de todos. Una democracia sin separación de poderes real es una democracia de nombre. Un Estado de derecho donde el poder judicial depende políticamente no protege a los ciudadanos: los deja expuestos. La regeneración institucional no es un tema técnico ni aburrido: es la condición de todo lo demás.
Creemos en el largo plazo. Las reformas que España necesita no darán sus frutos en cuatro años. Cualquier político que prometa lo contrario está mintiendo, y ya llevamos demasiados ciclos electorales de promesas que se olvidan en cuanto empieza la siguiente campaña. Gobernar bien a veces significa tomar decisiones impopulares hoy para que el país esté mejor dentro de diez años. Eso requiere una política dispuesta a explicar la verdad aunque incomode.
La España que queremos
Queremos una España donde un joven de familia trabajadora tenga exactamente las mismas oportunidades que uno de familia adinerada si trabaja y se esfuerza. Donde la calidad de la educación que recibe no dependa del barrio en el que nació ni del colegio al que sus padres pudieron o no pudieron llevarle.
Queremos una España donde quien quiera emprender un negocio pueda hacerlo sin que el sistema lo trate como un sospechoso. Donde crear una empresa sea tan sencillo como en Estonia o Dinamarca. Donde fracasar en un negocio no sea una condena de por vida sino una experiencia de la que aprender y volver a intentarlo.
Queremos una España que invierta en ciencia como invierte en infraestructuras, sabiendo que los frutos no se ven de inmediato pero son los que más duran. Que retenga a sus investigadores, a sus ingenieros, a sus médicos, a sus programadores, porque aquí encuentran las condiciones para desarrollar su trabajo y una vida digna. Que produzca tecnología en vez de solo consumirla.
Queremos una España energéticamente soberana, que no dependa del gas de terceros países para encender la luz ni del sol de cada año para planificar su producción industrial. Que combine las energías renovables, en las que tiene una ventaja natural enorme, con una apuesta decidida por la energía nuclear de nueva generación que garantice estabilidad y precios competitivos.
Queremos una España donde la administración sea aliada del ciudadano. Donde un trámite se resuelva online en minutos y no requiera tres citas presenciales, dos certificados y un software de 2008. Donde el funcionario que quiere hacer bien su trabajo tenga las herramientas para hacerlo. Donde el Estado sea eficiente no como recorte sino como respeto al dinero de todos.
Queremos una España donde tener hijos sea una decisión libre, no un sacrificio económico que muchas familias sencillamente no pueden asumir. Donde la conciliación no sea un privilegio de quienes trabajan en determinadas empresas. Donde envejecer no signifique depender de la buena voluntad de los hijos porque el Estado no ha construido los apoyos necesarios.
Queremos una España fuerte en Europa y respetada en el mundo. No una España que se sienta pequeña ni que mire a otros pedir permiso para decidir sobre su propio territorio, su propia energía o su propio futuro. Una España que llegue a las mesas donde se toman las decisiones con propuestas propias, con industria propia, con tecnología propia y con la confianza de quien sabe lo que vale.
A quién nos dirigimos
A ti, que llevas años votando sin entusiasmo porque no encuentras nada en lo que creer de verdad.
A ti, que eres joven y trabajas y estudias y haces todo lo que se supone que hay que hacer, y aun así sientes que el sistema no está de tu parte.
A ti, que montaste un negocio o lo intentaste, y descubriste que el Estado te pone más obstáculos que la competencia.
A ti, que eres investigador, médico, ingeniero o programador y te has planteado irte, o ya te fuiste y a veces piensas en si tiene sentido volver.
A ti, que pagas tus impuestos, cumples tus obligaciones y exiges que el dinero público se gaste con la misma responsabilidad con que tú ganas el tuyo.
A ti, que estás harto de una política que se define por lo que odia en vez de por lo que propone, y buscas algo diferente sin saber bien dónde encontrarlo.
Aquí estamos.
Nuestros compromisos
Todo proyecto político que se presente como diferente tiene la obligación de demostrar que lo es también en cómo funciona por dentro.
Nos comprometemos a una financiación completamente transparente, publicada en tiempo real, sin dinero opaco ni deuda con intereses que condicione nuestras decisiones.
Nos comprometemos a seleccionar a nuestros cargos por competencia y trayectoria, no por lealtad ni por antigüedad en el partido.
Nos comprometemos a rendir cuentas públicamente, cada año, sobre el cumplimiento de este programa, con métricas claras y sin excusas.
Nos comprometemos a escuchar, a incorporar las mejores ideas vengan de donde vengan, y a corregir cuando nos equivoquemos.
Y nos comprometemos a no prometer lo que no podemos cumplir, aunque eso nos cueste votos.
España puede más. Nosotros también.
Almería, 21 de abril de 2026. Proyecto España Futura. Comité Fundacional.